Fundadoras

Madre Rosa Rosato

La Madre Rosa Rosato nació en Lanciano el 27 de julio de 1858, tercera de diez hijos de Salvador y Juana Pasquini, campesinos poseedores de casas y terrenos. El 26 de diciembre de 1884 entraba en la Pía Unión.

Madre Rosa Rosato

Fue la primera superiora de la nueva familia religiosa, fundada en Roma, y en 1911 con la celebración del primer Capítulo General, los Superiores eclesiásticos reconocieron en ella una profunda rectitud y humildad, mansedumbre y dedicación, nombrándola Superiora general. En los momentos buenos y en las circunstancias difíciles supo guiar el Instituto con la sabiduría que brota del Sagrario sin ahorrarse penas y trabajos. En las múltiples circunstancias “fundacionales” manifestaba capacidad formativa ejemplar, profunda espiritualidad y constante esfuerzo en las obras específicas del Instituto. Siempre presente y atenta a cada persona y situación, vivía en una profunda unidad de vida. Con los cambios de los acontecimientos en el tiempo y en el sucederse de los mandatos, una vez liberada de los cargos de responsabilidad, continuó en el servicio a los enfermos y en la enseñanza del catecismo a los pequeños y adolescentes. Debilitada físicamente, empleaba el tiempo en la oración. Su imagen reclama a los grandes contemplativos: siempre presente en la Adoración eucarística, con el Rosario en la mano y con la mirada en el Crucifijo contemplando la Pasión se unía a los sentimientos de María a quien amaba con gran veneración bajo el título de la Dolorosa.

El 14 de mayo de 1940 moría en la más profunda serenidad.

Madre Rosa D’Ovidio

La Madre Rosa D’Ovidio nació también en Lanciano, el 27 de Junio de 1857. Fueron sus padres Pascual y Angélica Salvadori. Su familia habitaba  en el barrio Civitanova viviendo  con coherencia cristiana. Su padre ejercía el oficio de tejedor de cáñamo, ayudado por su mujer en los momentos libres de las tareas domésticas.

A los 29 años entraba en la Pía Unión, profesaba sus votos temporales el 6 de Enero de 1888 y muy pronto era destinada a formar parte de la comunidad de Roma.

En 1892 era nombrada superiora de la casa de Roma. Estimulada por el diputado eclesiástico, en diciembre de 1896, con algunas hermanas, partía para una nueva fundación en Pola, donde fue muy bien acogida, ya que en la ciudad no existían instituciones femeninas. El Obispo de la diócesis fue muy benóvolo con ella, admirando su buen espíritu, su perspicacia, actividad, firmeza y sobre todo la conciencia de su papel dentro de la Congregación. Con la ayuda, la valentía y el zelo de las hermanas, comenzó a construir la casa de los Sagrados Corazones que haría de escuela y de horfanatrofio, así como de iglesia contigua dedicada al Corazón de Jesús. Durante toda la vida realizó su acción en Pola prodigándose en la erección de de nuevas actividades y casas incluso en las ciudades cercanas. Cuando sus fuerzas físicas ya cansadas no le permitieron ya la acción apostólica, se estableció en Cherso, en la Casa de Descanso “Seppi”, donde las hermanas prestaban su servicio a las personas ancianas. Pasaba el tiempo en asidua oración y pequenos servicios.

Asistida de sus hermanas,  moría serenamente el 27 de febrero de 1930.

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