Instituto

Las Misioneras de los Sagrados Corazones de Jesús y de María están llamadas a testimoniar el amor de Dios a los hombres, a través de la promoción de múltiples obras de apostolado y de caridad.

Las Fundadoras Rosa Rosato y Rosa D’Ovidio, con variedad de dones y diversidad de experiencias personales, proponen y sintetizan el carisma, que no es otro que el de vivir  el seguimiento del Corazón de Cristo a la luz del Corazón de María, al servicio de los hermanos pobres y apenados.


 IDENTITAD


Su compromiso de amor y de repación ha sido continuado por muchas hijas que, en poco más de un siglo de vida, han dejado una huella en la historia de la Iglesia de nuestro tiempo.

Nuestra familia religiosa, en efecto, respondiendo a los signos de los tiempos, ha expresado en el pasado reciente y todavía hoy lo manifiesta, su fidelidad a Dios y al hombre con el testimonio cristiano y la vivacidad operativa.

En el año 1963 funda su primera misión en Brasil.


 HISTORIA


La Iglesia en la segunda  mitad del siglo XIX tuvo una atención especial al Corazón de Jesús, expresión del amor personal de Dio Padre al hombre.

La devoción al divino Corazón de Jesús extendida por los Sumos pontífices a la Iglesia universal, refuerza en las Madres Rosa Rosato y Rosa D’Ovidio la piedad hacia el Corazón de Jesús, cultivada y vivida en sus experiencias precedentes.

El Papa León XIII, en 1886 las acogió con paterna bondad y las confió a su Vicario. Ellas establecieron su primera morada en la Via della Sagrestia, 10 dentro del Vaticano.

El primer contacto con el exterior se produjo visitando a los  enfermos en sus casas; aquí tuvieron la oportunidad de poner en práctica todas sus dotes e intuiciones para dar a conocer el amor de los Corazones de Jesús y de María y sensibilizarse hacia un amor reparador para la salvación de las almas.

Desde el 1887, con el aumento de sus membros, la Obra se extiende por toda Italia.

En diciembre de 1896, por invitación del Cardenal Vicario, la Madre Rosa D’Ovidio con algunas Hermanas, funda la primera comunidad más allá de la frontera italiana, en Pola (Istria-Austria).

Después de una intensa vida en el espíritu y en el apostolato, la Madre Rosa D’Ovidio muere en Cherso en 1930 y la Madre Rosa Rosato en Roma en 1940, dejando en el Instituto como herencia la humildad y la obediencia.

En 1975, con Decreto de Lode, la Congregación de las Hermanas de los Sagrados Corazones se convierte en Derecho pontificio, añade a su título el atributo – Misioneras- e incrementa las fundaciones en el extranjero, en 1989 en Corea; en el 2000 en Tanzania y en el 2005 en Guatemala.


 FUNDADORAS


Rosa Rosato, en 1885 y Rosa D’Ovidio en 1888 con la Profesión temporal se convirtieron en miembros de una  Pía Asociación “Serve Infime dei Sacri Cuori” (“Infimas Siervas de los Sagrados Corazones”) en Lanciano, Chieti, aprobada por el Ordinario del lugar.

En febrero de 1886 la Hermana Rosa Rosato junto con otra hermana fue destinada a Roma para intentar abrir una casa filial; al principio alquilaron una habitación  amueblada.

Con una cierta urgencia, los Superiores vinieron a Roma; visitadas las hermanas, pidieron y obtuvieron del cardenal Vicario el permiso para establecerse y alquilaron la casa en Via della Sagrestia, 10 en el Vaticano. Las hermanas comenzaron a prodigarse en el servicio a los enfermos en sus casas.

En 1888, la Hermana Rosa D’Ovidio fue destinada a Roma con otras tres Hermanas. Desde ese momento la Hermana Rosa Rosato y la Hermana Rosa D’Ovidio se encontraron para actuar juntas por el bien de los más necesitados. La Pía Unión, sin embargo, al no gozar de estabilidad quedó suprimida por las autoridades eclesiásticas. La comunidad de Roma se hacía autónoma, y como plataforma de una nueva realidad eclesial nacía una nueva fundación religiosa con el nuevo nombre de Hermanas de los Sagrados Corazones de Jesús y de María.

En este nuevo camino, las Madres Rosa Rosato y Rosa D’Ovidio fueron los instrumentos de la Providencia para transmitir a la Iglesia un don carismático especial. La conciencia de tal función estuvo presente en ellas aunque en manera diferenciada.

La acción de estas madres, con sus luces y sus somnbras, dio vida e incremento a la santidad personal y a la del Instituto. Mirando siempre a Jesús y a María, sus Modelos, actuaron con tenacidad siguiendo la dirección de la Voluntad de Dios en la más profunda humildad y obediencia a la Iglesia.

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